UNA MIRADA AL MUNDO ANTIGUO

“El último caballo” es una película escrita y dirigida por Edgar Neville en 1950 y protagonizada por el fabuloso Fernando Fernán Gómez, Conchita Montes y José Luis Ozores.

Hace unas noches el canal 8 Madrid TV emitió esta brillante comedia “a medio camino entre el neorrealismo y la farsa”.

El protagonista acaba de terminar la mili en el cuerpo de caballería y decide comprar a Bucéfalo, el caballo que ha sido su compañero, y regresar a Madrid llevándose consigo al animal. Al llegar a la capital se da cuenta de que todo ha cambiado y que ya ni siquiera hay cuadras donde cobijar al caballo.

EL ÚLTIMO CABALLO, 1950

Escritor, autor de teatro y director de cine, Edgar Neville, trabajó en Hollywood en el cine mudo, junto a su amigo Charles Chaplin, y en la adaptación de películas al español como dialoguista y guionista para la Metro Goldwin Mayer.

EDGAR NEVILLE

Miembro de “la otra generación del 27”,  junto con Ramón Gómez de la Serna y Jardiel Poncela, Neville aprendió que “el humor no consiste en burlarse de la miseria ajena, sino en reírse de lo convencional, en ametrallar los estereotipos y falsedades sobre los que se asienta la sociedad burguesa, con la única herramienta de la poesía.”

EL ÚLTIMO CABALLO, 1950

Retrato de un Madrid casi olvidado, humor y crítica social se aúnan en esta producción que se convierte en un alegato contra la aceleración de la vida moderna, que ya comenzaba en esa época, y contra el utilitarismo que desecha todo aquello que no produce un beneficio a corto plazo.

Uno de los personajes de la película dirá en un determinado momento:

“El dinero se gasta enseguida y esta tierra no para de dar fruto. No me gustan ni los autos, ni las máquinas, ni el humo, ni las prisas, y como yo estaba aquí antes de eso, aquí me quedo y ellos que se vayan a otro lado.”

Al final Fernando Fernán Gómez hará esta optimista defensa de lo que él llama la “vida antigua”:

“Tan pronto como nos hemos reunido unos cuantos seres de buena voluntad, hemos acabado con el motor y la gasolina y todas sus barbaridades. Con gente buena, que no falta, venceremos al materialismo y al motor.”

Inmersos en esta tremenda crisis, no sólo económica, sino también de valores, nos parece un momento muy oportuno para revisar este film.

Han pasado 60 años y a pesar de que sigue habiendo “seres de buena voluntad” que trabajan por conseguir un mundo justo y sostenible, el materialismo, el dinero y las prisas siguen organizando nuestras vidas.

Merece la pena apearse un poco y pararse para ver “El último caballo” y brindar por:

“…el mundo antiguo, el mundo en que un pobre hombre podía tener un caballo y podía darle de comer sin grandes dificultades, el mundo en el que se podía vivir tranquilamente sin matarse trabajando, el mundo en el que todo era suave y fácil, cuando había solidaridad entre los hombres y cuando todo lo que se movía tenía sangre caliente; cuando la gente no tenía tanta prisa y vivía con más sosiego, cuando sobraban unas horas al día para pasear en un caballo, cuando no había ese gesto hosco que hoy se observa en todas partes, porque a la gente le falta siempre la peseta sobrante con la cual se compraba la alegría…”

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